Necesito viajar. Viajar sola. Un viaje para empezar a transitar mi vida, para recordar anécdotas, imágenes futuras, deseos…sueños. Pensar en las cosas que pude haber hecho y en las que todavía me falta por hacer. Mis logros, mis metas, las cosas que me importan, mis prioridades. Mis amigos, a los que el tiempo alejó, pero no logró borrar de mi, y a los que están presentes hoy. Recordar los amores que fueron y que pudieron ser. No olvidarme de los cambios que fui viviendo en el transcurso de mi vida, hasta el día de hoy. Lo eterno del tiempo y su escasez.
Me preocupa vivir prisionera del reloj, del espacio. Pero más allá de eso, se que nunca seré prisionera de las ideas, de la imaginación, del amor, de la esperanza y de la fe en uno, que uniéndose, nos libera.
Quiero pensar que no estoy sola cuando quiero luchar por salir de todo lo estandarizado, a cuestionar o a cambiar las prioridades, a reformular la concepción de las cosas, a dar nuevos significados a las palabras y en consecuencia a la vida misma. Aprendamos a ver en el otro más allá de lo físico y de lo material. Ahí es cuando nos vamos a dar cuenta de que la prioridad no es tener una casa gigante o un auto 0km para llenar un ego esnobista.
Paremos con el esnobismo que enorgullece al ego individualista que busca un ‘status social elevado.
Podemos cuestionar los prejuicios y las valoraciones hegemónicos. También podemos cuestionar un sistema donde muchas veces el trabajo enajena y te permite "vivir" (¿qué es vivir? Vivir no es lo mismo que sobrevivir. Desvirtuándome un poco, pienso yo que el término vivir puede ser muy subjetivo pero a la vez, cada uno, con sus diferentes maneras de pensar, busca plenitud como concepto básico de la palabra. Ahora, ¿en que se basa esta plenitud? Como siempre haciéndome más preguntas de lo que puedo responder…).
El problema surge cuando algo se convierte en la única vía posible, porque es lo que manda la sociedad o el punto de vista hegemónico (impuesto, claro está, y presente como único posible, como sentido común o algo lógico). ‘Ya que es lo correcto’ dicen quienes creen tener la verdad, mientras se justifican basándose en que es lo ‘normal’, o peor aún, es lo socialmente aceptado.
Paradójicamente, lo socialmente aceptado y hasta admirado se basa en una escala de valores individualista (impuestas desde fuera) por sobre lo colectivo.
La vida es demasiado corta para vivirla como si nunca fuéramos a morir, y esto lo planteo más allá de cualquier creencia sobre una posible vida post muerte. La felicidad no puede basarse en lo que otros opinen de uno, pero tampoco en el desinterés por el otro. Es hora de salir de las estructuras impuestas, de romper los moldes, y de cambiar las reglas, sobre todo si sospechamos que siempre favorecen a quien las redactó.
Basta de conformismos y resignaciones. Que no nos vendan algo como “la verdad”, y menos aún como la “única verdad” posible. Nadie puede decirnos como actuar, pensar y vivir.
El conocimiento, como también la capacidad de dudar y cuestionar, nos hace más libres, como desarrollar la capacidad creadora y como viajar nos abre la cabeza...
Es tiempo de decir basta de esperanzas desesperanzadas que sólo esperan sentadas a que otros solucionen las cosas, o lo que es peor que les digan que esperar y que soñar; siempre sentadas para no molestar a quien controla una sala de espera que exaspera al más paciente.

Y buen… en fin, viajé. Uno puede viajar más allá de lo físico.
La mente controla, y hay que saber dominarla.
Me preocupa vivir prisionera del reloj, del espacio. Pero más allá de eso, se que nunca seré prisionera de las ideas, de la imaginación, del amor, de la esperanza y de la fe en uno, que uniéndose, nos libera.
Quiero pensar que no estoy sola cuando quiero luchar por salir de todo lo estandarizado, a cuestionar o a cambiar las prioridades, a reformular la concepción de las cosas, a dar nuevos significados a las palabras y en consecuencia a la vida misma. Aprendamos a ver en el otro más allá de lo físico y de lo material. Ahí es cuando nos vamos a dar cuenta de que la prioridad no es tener una casa gigante o un auto 0km para llenar un ego esnobista.
Paremos con el esnobismo que enorgullece al ego individualista que busca un ‘status social elevado.
Podemos cuestionar los prejuicios y las valoraciones hegemónicos. También podemos cuestionar un sistema donde muchas veces el trabajo enajena y te permite "vivir" (¿qué es vivir? Vivir no es lo mismo que sobrevivir. Desvirtuándome un poco, pienso yo que el término vivir puede ser muy subjetivo pero a la vez, cada uno, con sus diferentes maneras de pensar, busca plenitud como concepto básico de la palabra. Ahora, ¿en que se basa esta plenitud? Como siempre haciéndome más preguntas de lo que puedo responder…).
El problema surge cuando algo se convierte en la única vía posible, porque es lo que manda la sociedad o el punto de vista hegemónico (impuesto, claro está, y presente como único posible, como sentido común o algo lógico). ‘Ya que es lo correcto’ dicen quienes creen tener la verdad, mientras se justifican basándose en que es lo ‘normal’, o peor aún, es lo socialmente aceptado.
Paradójicamente, lo socialmente aceptado y hasta admirado se basa en una escala de valores individualista (impuestas desde fuera) por sobre lo colectivo.
La vida es demasiado corta para vivirla como si nunca fuéramos a morir, y esto lo planteo más allá de cualquier creencia sobre una posible vida post muerte. La felicidad no puede basarse en lo que otros opinen de uno, pero tampoco en el desinterés por el otro. Es hora de salir de las estructuras impuestas, de romper los moldes, y de cambiar las reglas, sobre todo si sospechamos que siempre favorecen a quien las redactó.
Basta de conformismos y resignaciones. Que no nos vendan algo como “la verdad”, y menos aún como la “única verdad” posible. Nadie puede decirnos como actuar, pensar y vivir.
El conocimiento, como también la capacidad de dudar y cuestionar, nos hace más libres, como desarrollar la capacidad creadora y como viajar nos abre la cabeza...
Es tiempo de decir basta de esperanzas desesperanzadas que sólo esperan sentadas a que otros solucionen las cosas, o lo que es peor que les digan que esperar y que soñar; siempre sentadas para no molestar a quien controla una sala de espera que exaspera al más paciente.

Y buen… en fin, viajé. Uno puede viajar más allá de lo físico.
La mente controla, y hay que saber dominarla.



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