Salir, hacer, poner al día, no eran cosas que ayudaran a dormirse. Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas.
Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de, para llegar a, o mover algo para que estuviera aqui y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar a la de al lado, es decir, que en todo acto estaba la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta de la merma, de la parvedad del presente.
Creer que la acción podría calmar la parvedad del presente. Creer que la acción podría calmar, o que la suma de las acciones podría realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión de moralista.
Disponerme a hacer, hacer. Algo que no me sale muy bien.